Esclavitud y religión

esclavos

Mercado de esclavos en un país islámico

Los romanos usaron la palabra servus, de la que procede siervo y sus derivados. Esclavo viene de eslavo, utilizado por los griegos de Bizancio  (denominación étnica que acabó por significar la condición jurídica del servus por la abundancia de los de esa procedencia), de ahí pasó al latín tardío y al árabe. En todo el mundo antiguo la esclavitud fue habitual, incluso llegó a constituir en Grecia y en Roma la base de su sistema de producción. A partir del siglo III se fue degradando el esclavismo hasta desembocar en el sistema de servidumbre: los esclavos por un lado y los campesinos libres pobres por otro se habían ido convirtiendo en colonos (siervos), que quedaron sujetos a la tierra, una forma mitigada de esclavitud, que fue la base  económica del feudalismo y definió las relaciones de trabajo durante el Medievo. La expansión colonial desde el XVI revitalizó con fuerza inusitada la vergonzante institución de la esclavitud a la vez que desaparecía la servidumbre, hasta que la Ilustración y la formulación de los derechos humanos la minaron ideológicamente, mientras el capitalismo industrial la dejaba sin sentido económico. En el XIX quedó fuera de la ley en todo el mundo occidental; hoy sólo se mantiene legalmente en Mauritania en una forma mitigada.

Pero la esclavitud tiene unas fronteras difusas que han habitado millones de personas: siervos, indígenas bajo el régimen colonial, mujeres, niños, presidiarios, minorías de todo tipo, cautivos… Se puede asegurar que históricamente la mayor parte de la población del mundo ha vivido en situación de esclavitud o semiesclavitud, lo que no dice mucho a favor de la humanidad. Afortunadamente la evolución económica la dejó sin sentido utilitario y la expansión del concepto de ciudadanía la convirtió en despreciable. Desde la contemporaneidad, que la considera una práctica infamante, tanto las iglesias cristianas así como los mulah o ulemas islámicos suelen alardear de haber sido los primeros en la condena de la esclavitud. Nada más falso.

En la Biblia la esclavitud no sólo se presenta como algo natural, sino que en ocasiones Jehová incita a los judíos a masacrar y esclavizar a pueblos enteros. Jesús parece no verla, no pronuncia una sola palabra sobre ella, los evangelistas no lo registran, pese a que en la época el número de esclavos era apabullante; Pablo, si bien declara que todos somos hijos de Dios, exhorta repetidamente en sus cartas a los esclavos a que acepten su condición, sean sus amos cristianos o paganos, y vean en sus dueños al Señor. Los Padres de la Iglesia hablan de la esclavitud en diversas ocasiones y con varios motivos, pero ninguno se pronuncia en contra. En la Hispania visigoda los concilios de Toledo legislan sobre ella, pero no precisamente para prohibirla o limitarla, en alguno, XVII Concilio de Toledo (694), los padres conciliares decretaron la esclavización de todos los judíos hispanos. No conozco ningún documento de la Iglesia antes del siglo XIX, fecha en que las autoridades civiles la prohíben, que la condene, o bien anatematice o repruebe a los que comercian con ella o tienen esclavos. De hecho los monasterios fueron propietarios de esclavos y también los papas y las altas jerarquías de la Iglesia. En América el debate sobre si los indios podían ser sometidos o no a esclavitud se resolvió porque la Corona los consideró súbditos (Leyes de Indias) y, por tanto, sometidos a su protección; así y todo, el sistema de encomiendas y la mita fueron instituciones esclavizadoras. En el ámbito de la América hispana, si bien  fray B. de las Casas, defendió la libertad e integridad de los indios, dando lugar a una incipiente formulación de derechos humanos, esa no fue nunca doctrina de la Iglesia sino empresa personal del dominico, que, no obstante su humanitaria invectiva, llegó a sugerir la importación de esclavos para los trabajos forzados con los que se violentaba a los indios (…que se les haga «merced [a los encomenderos] de que puedan tener esclavos negros y blancos, que los puedan llevar de Castilla»). Por ninguna parte hay trazas, a  lo largo de siglos, de una oposición institucional de las iglesias cristianas, que, en su abyecta exaltación del sufrimiento y la mansedumbre, no encontraron motivos para su condena antes de que lo hiciera el poder civil, salvo la notable y solitaria excepción de los cuáqueros.

El Islam no sale mejor parado. Alguna frase en el Corán que puede interpretarse favorablemente es desmentida en seguida de palabra y de obra. La institución de la poligamia se convirtió en la excusa para la esclavitud sexual de las mujeres. Pocas culturas han degradado a la mujer de forma más profunda y generalizada que la islámica, aunque la bobaliconería occidental le haya quitado hierro cubriéndola de literario y romántico exotismo (los califas de la época clásica y los sultanes turcos hasta tiempos modernos, sostuvieron harenes de centenares de mujeres, todavía visibles (es un decir) hoy en la Arabia de los jeques del petróleo. El sistema esclavista de producción, propio del mundo clásico, ya había caducado,  pero los musulmanes no tuvieron reparo en la utilización masiva de esclavos en la administración y el ejército (al-Ándalus, Turquía), estrategia para mantener los aparatos del Estado alejados de los súbditos a los que controlaban despóticamente; fue notable, pero no único, el caso de los jenízaros turcos, capturados de niños entre los cristianos para formarlos como un cuerpo militar de élite. Por otra parte, eran mercaderes musulmanes los que, con el rosario que les ayudaba a recitar los 99 nombres de Dios, en una mano y el látigo en la otra, abastecían a los puertos del Índico y del Mediterráneo de mercancía humana.

En este asunto de la esclavitud la moral laica, la ética ciudadana, se ha mostrado muy superior en agilidad a la religiosa. Nada hay de extraño en ello, de hecho la esclavitud nació de las irresistibles incitaciones de la economía y su desaparición se debió mucho más a que acabó siendo un factor de retardo, por la evolución tecnológica, que a la conciencia de grupo alguno. La ideología religiosa, que por su propia naturaleza es conservadora, difícilmente podría haberse puesto a la cabeza del movimiento abolicionista; tardó más en acomodar su conciencia a las nuevas necesidades que la sociedad civil. Un análisis, siquiera sea somero, de los hechos del pasado así lo demuestra.

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Una respuesta a Esclavitud y religión

  1. Muy buén artículo.

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