La enfermedad globalizada

viruela

La viruela en América

La globalización universaliza lo bueno y lo malo. Hoy las epidemias se convierten rápidamente en pandemias por efecto del contacto entre poblaciones de todos los rincones del mundo, después de la revolución de los transportes. El SIDA, la gripe aviar, la gripe porcina son ejemplos elocuentes, pero no siempre fue así ni muchísimo menos.

La enfermedad es consecuencia del parasitismo que algunas especies ejercen sobre otras. Los agentes responsables son microorganismos que forman parte de los nichos ecológicos y en ellos se hallan en equilibrio con las especies que parasitan; el cambio de cualquier factor puede desencadenar el progreso espectacular de uno de esos agentes o el salto a otro nicho donde producirá una catástrofe hasta su acomodación definitiva. La especie humana, distribuida por el mundo desde hace milenios, se organizó en grupos, civilizaciones, aislados a veces por barreras geográficas que eran otros tantos obstáculos para la propagación de las enfermedades. Los contactos comerciales o de cualquier índole entre culturas han sido con frecuencia vías de penetración de las infecciones. Atentos a los acontecimientos políticos, los historiadores han descuidado siempre, salvo casos puntuales, el papel que éstas jugaron.

Sabemos que todo el primer milenio después de Cristo fue un periodo de detenimiento del crecimiento demográfico e incluso de descenso en todo el inmenso espacio eurasiático. Estudios recientes parecen indicar la aparición y repetición de sucesivas epidemias de viruela, sarampión y rubeola en la Roma de los primeros siglos del milenio, enfermedades desconocidas hasta entonces y para las que las poblaciones estaban indefensas porque carecían de los anticuerpos, biológicos y culturales, necesarios para neutralizarlas; en la época de Justiniano (S.VI) apareció la primera epidemia de peste bubónica en Bizancio, que resultó catastrófica. En el otro extremo, en China, se perciben fenómenos similares. El impacto demográfico fue inmenso, de modo que en el año 1000 había menos población en Europa y en China que en los primeros tiempos del Imperio romano (S.I). ¿El desorden y los trastornos producidos por la caída del Imperio Romano (fin de la Antigüedad) y de la dinastía Han en China produjeron estos males, o estos males contribuyeron decisivamente a desmoronar estructuras tan bien construidas? Hay más, en las zonas de contacto, el Oriente Medio, el Asia occidental y norte de la India, las enfermedades tuvieron menos impacto, seguramente porque por ser zonas de paso sus poblaciones estaban más inmunizadas. Pero entonces podemos hacer otra pregunta: ¿no se deberá a eso el nacimiento y expansión del Imperio persa Sasánida, el imperio Gupta de la India y, por supuesto, del Islam?

Es sólo un ejemplo, pero podemos continuar hasta el infinito. En la conquista y colonización de América, los españoles, además de la lengua y el cristianismo, aportaron, entre otros, el virus de la viruela, que causó muchísimas más víctimas que la avaricia de los colonizadores, diezmó a la población indígena. Dijo Alfred Crosby: «[la viruela] desempeñó en la expansión del imperialismo blanco un papel tan importante como la pólvora (…) porque los indígenas volvieron los mosquetes y luego los fusiles contra los invasores, pero pocas veces ha combatido la viruela en el bando de los indígenas».

Sin ese fenómeno quizá no hubiera existido población negra en el continente porque el tráfico de esclavos hubiera tenido menos sentido. En contrapartida, se dice, que los europeos contrajeron allí la sífilis, a la que en España se llamó el mal de La Española (primer nombre de la isla de Sto. Domingo y primer asentamiento español). Tampoco hay que hacer mucho caso a esto porque en Europa, sobre todo en Inglaterra, pronto se la conoció como el mal francés, cargando el muerto a nuestros vecinos; en Francia, en cambio fue la enfermedad italiana, en Japón la enfermedad portuguesa, en Portugal mal castellano, para los rusos era el mal polaco y para estos el mal alemán, cerrando el círculo los turcos hablaban de mal cristiano mal español. Definitivamente con la sífilis no vamos a hacer carrera en la investigación sobre el origen de las enfermedades.

Todavía hoy la enfermedad produce mucha zozobra, pero también muchos interrogantes, quizá en ella estén las claves de acontecimientos históricos que hasta hoy, con una mirada demasiado miope, hemos achacado a causas políticas o, en el mejor de los casos, económicas.

(Publicado en Punto de vista 26/05/09)

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