Una feminista de ayer

Marie-Olympe-de-GougesEl primer feminismo nace con la Ilustración en el siglo XVIII, antes de que se inventara el apelativo con que lo designamos hoy. Su primera manifestación espectacular y dramática fue protagonizada por Olympe de Geouges, una burguesa de Montauban, establecida en París con su hijo, después de haber enviudado. Allí se dio a conocer en los salones literarios, pero por sus convicciones abolicionistas, escribió varias obras contra la esclavitud, fue encarcelada en la Bastilla mediante una letre de cachet (instrumento discrecional de que se valía la monarquía absoluta para reprimir la oposición política al sistema). Al fin pudo ser liberada por las gestiones de sus amigos. Iniciada la revolución publicó una Declaración de los Derechos de la Mujer y de la Ciudadana (1791), parafraseando la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, aprobada por la Asamblea Constituyente en 1789. La de Olympia comenzaba con una pregunta provocadora:

Hombre, ¿eres capaz de ser justo? Una mujer te hace esta pregunta

El articulado de su Declaración rezaba así:

UNO.- La mujer nace libre y permanece igual al hombre en derechos.

DOS.- El objetivo de toda asociación política es la conservación de los derechos naturales e imprescriptibles de la Mujer y del Hombre; estos derechos son la libertad, la propiedad, la seguridad y, sobre todo, la resistencia a la opresión.

TRES.- El principio de toda soberanía reside esencialmente en la Nación que no es más que la reunión de la Mujer y el Hombre: ningún cuerpo, ningún individuo, puede ejercer autoridad que no emane de ellos.

CUATRO.- La libertad y la justicia consisten en devolver todo lo que pertenece a los otros; así, el ejercicio de los derechos naturales de la mujer solo tiene por límites la tiranía perpetua que el hombre le opone; estos límites deben ser corregidos por las leyes de la naturaleza y de la razón.

CINCO.- Las leyes de la naturaleza y de la razón prohíben todas las acciones perjudiciales para la Sociedad: todo lo que no esté prohibido por estas leyes, prudentes y divinas, no puede ser impedido y nadie puede ser obligado a hacer lo que ellas no ordenan.

SEIS.- La ley debe ser la expresión de la voluntad general; todas las Ciudadanas y Ciudadanos deben participar en su formación personalmente o por medio de sus representantes. Debe ser la misma para todos; todas las ciudadanas y todos los ciudadanos, por ser iguales a sus ojos, deben ser igualmente admisibles a todas las dignidades, puestos y empleos públicos, según sus capacidades y sin más distinción que la de sus virtudes y sus talentos.

SIETE.- Ninguna mujer se halla eximida de ser acusada, detenida y encarcelada en los casos determinados por la Ley. Las mujeres obedecen como los hombres a esta Ley rigurosa.

OCHO.- La Ley solo debe establecer penas estrictas y evidentemente necesarias y nadie puede ser castigado más que en virtud de una Ley establecida y promulgada anteriormente al delito y legalmente aplicada a las mujeres.

NUEVE.- Sobre toda mujer que haya sido declarada culpable caerá todo el rigor de la Ley.

DIEZ.- Nadie debe ser molestado por sus opiniones incluso fundamentales; si la mujer tiene el derecho de subir al cadalso, debe tener también igualmente el de subir a la Tribuna con tal que sus manifestaciones no alteren el orden público establecido por la Ley.

ONCE.- La libre comunicación de los pensamientos y de las opiniones es uno de los derechos más preciosos de la mujer, puesto que esta libertad asegura la legitimidad de los padres con relación a los hijos. Toda ciudadana puede, pues, decir libremente, soy madre de un hijo que os pertenece, sin que un prejuicio bárbaro la fuerce a disimular la verdad; con la salvedad de responder por el abuso de esta libertad en los casos determinados por la Ley.

DOCE.- La garantía de los derechos de la mujer y de la ciudadana implica una utilidad mayor; esta garantía debe ser instituida para ventaja de todos y no para utilidad particular de aquellas a quienes es confiada.

TRECE.- Para el mantenimiento de la fuerza pública y para los gastos de administración, las contribuciones de la mujer y del hombre son las mismas; ella participa en todas las prestaciones personales, en todas las tareas penosas, por lo tanto, debe participar en la distribución de los puestos, empleos, cargos, dignidades y otras actividades.

CATORCE.- Las Ciudadanas y Ciudadanos tienen el derecho de comprobar, por sí mismos o por medio de sus representantes, la necesidad de la contribución pública. Las Ciudadanas únicamente pueden aprobarla si se admite un reparto igual, no solo en la fortuna sino también en la administración pública, y si determinan la cuota, la base tributaria, la recaudación y la duración del impuesto.

QUINCE.- La masa de las mujeres, agrupada con la de los hombres para la contribución, tiene el derecho de pedir cuentas de su administración a todo agente público.

DIECISEIS.- Toda sociedad en la que la garantía de los derechos no esté asegurada, ni la separación de los poderes determinada, no tiene constitución; la constitución es nula si la mayoría de los individuos que componen la Nación no ha cooperado en su redacción.

DIECISIETE.- Las propiedades pertenecen a todos los sexos reunidos o separados; son, para cada uno, un derecho inviolable y sagrado; nadie puede ser privado de ella como verdadero patrimonio de la naturaleza a no ser que la necesidad pública, legalmente constatada, lo exija de manera evidente y bajo la condición de una justa y previa indemnización.

EPÍLOGO. Mujer, despierta; el rebato de la razón se hace oír en todo el universo; reconoce tus derechos. El potente imperio de la naturaleza ha dejado de estar rodeado de prejuicios, fanatismo, superstición y mentiras. La antorcha de la verdad ha disipado todas las nubes de la necedad y la usurpación. El hombre esclavo ha redoblado sus fuerzas y ha necesitado apelar a las tuyas para romper sus cadenas. Pero una vez en libertad, ha sido injusto con su compañera. ¡Oh, mujeres! ¡Mujeres! ¿Cuándo dejaréis de estar ciegas? ¿Qué ventajas habéis obtenido de la revolución? Un desprecio más marcado, un desdén más visible. […] Cualesquiera sean los obstáculos que os opongan, podéis superarlos; os basta con desearlo.

Fue una activa revolucionaria que simpatizó con los girondinos, opción moderada y federalista propia de la burguesía liberal que abundaba en las grandes ciudades portuarias de Francia. Durante el Periodo de la Convención Nacional su defensa de los girondinos, sometidos a la represión jacobina, y su oposición a la ejecución del rey le valió la cárcel, esta vez por orden del Comité de Salvación Pública que dirigía Robespierre, y la guillotina inmediatamente después (1793). Sólo hacía dos años que había publicado su famosa Declaración.

Los intentos de apropiación del movimiento feminista, tan exultante hoy, por las diversas tribus políticas resultan ridículos si se mira hacia atrás

Anuncios
Publicado en feminismo | Etiquetado , , | Deja un comentario

Poderoso caballero es Don Dinero

La consolidación y expansión del capitalismo así como la aceleración de la globalización en las últimas décadas ha permitido la proliferación y, según convencimiento de buena parte de la opinión pública, un peligroso empoderamiento de las grandes transnacionales. Es ya un clásico el temor que inspiran estas grandes corporaciones crecientes frente a los estados que, por su parte, pierden poder y autonomía gradualmente, no sólo ante ellas sino también ante el complejo institucional que surge de la globalización. Sin embargo, esto no es ni mucho menos un fenómeno reciente; es más, hubo situaciones históricas en las que sociedades de capital tomaron decisiones y actuaron con modos y medios que hoy son inconcebibles fuera del ámbito y las atribuciones de los estados. Mostraré algunos casos sin ningún ánimo de exhaustividad.

hamsa

Desde el s. XII y hasta los albores de la modernidad prosperó en los mediterráneos del norte, Mar Báltico y Mar del Norte, una confederación de ciudades, controladas por gremios de comerciantes, prácticamente independientes de sus soberanos naturales, que no sólo controló el comercio en la zona, tutelando, estimulando y al fin monopolizándolo, sino que impuso su ley, protegiendo sus intereses durante algunos siglos, al menos hasta que el descubrimiento de América desplazó el centro de gravedad económica al Atlántico. Nació en la ciudad alemana de Lübeck (1158) y llegó a incluir a más de cien ciudades de Alemania, Países Bajos, Suecia, Polonia y Rusia, ciudades portuarias de la costa, de los abundantes estuarios de la zona o con puertos fluviales del interior (Novgorod). Su actividad era el comercio, pero en aras a su protección y desarrollo fundó nuevas ciudades como Riga o Tallin en una notable labor colonizadora en el Báltico oriental; desarrollo instituciones, como la asamblea (Hansetag) que se reunía en Lübeck; y propagó el bajo alemán medio como lengua franca, primer relevo del latín registrado en Europa. En la cumbre de su apogeo llegó a entrar en guerra con el reino de Dinamarca (1368) a quien se impuso. Junto con las repúblicas urbanas italianas que prosperaron por las mismas fechas constituye el mejor ejemplo de construcción de estructuras políticas sofisticadas por parte del capitalismo comercial bajomedieval. Como ellas desarrolló altos niveles de prosperidad, un desarrollo tecnológico en la industria, la construcción naval y en las finanzas. En su ocaso influyó el desarrollo del mercado americano, la consolidación de las Provincias Unidas de los Países Bajos y de Inglaterra, como nuevas potencias en el comercio marítimo, y la Guerra de los 30 años.

Fueron estos los nuevos protagonistas con los que el capitalismo mercantil dio el siguiente salto, creando unas estructuras de poder, no sólo económico, como nunca se había visto ni se vería después. En el S. XVI el lucrativo comercio de las especias estaba monopolizado por Portugal, que utilizaba a Amberes como redistribuidora para Europa del Norte; con el levantamiento de las Provincias Unidas frente a la Corona Hispánica, tal función pasará a Hamburgo, con lo que los comerciantes de los Países Bajos perdieron una fuente de actividad muy importante. La incapacidad de Portugal para atender una demanda creciente, la absorción de la corona portuguesa por Felipe II (1580) y  la perdida de los beneficios de Amberes incitó a los comerciantes neerlandeses a ensayar viajes por la ruta lusa y hostigar sus factorías. En 1602 crearon la Cía. Neerlandesa de las Indias Orientales (VOC) que se alzó con el monopolio del comercio asiático por carta de privilegio otorgada por los Estados Generales de los Países Bajos, convirtiéndose en la primera corporación multinacional y la primera sociedad por acciones de la historia. Sus poderes fueron tan grandes que pudo establecer colonias, acuñar moneda, levantar tropas y declarar la guerra. A mediados del XVII se había convertido en la empresa más rica de la historia de la humanidad, con 150 buques mercantes, 40 buques de guerra, 50.000 empleados y 10.000 soldados. De hecho se apoderó por la fuerza de todo el archipiélago que constituye hoy Indonesia y la controló durante doscientos años como una colonia propia, hasta que entró en bancarrota en 1800 y el estado neerlandés (entones República Bátava) disolvió la compañía, asumiendo su deuda e incorporando sus territorios como colonias de la nación.

La fundación de la VOC fue precedida en dos años por la creación de la Compañía Británica de las Indias Orientales (EIC=East Indian Company), cuyo desarrollo será más paulatino y no se convertirá en una sociedad anónima por acciones hasta después de 1612. Como era habitual comenzó con una carta de privilegio otorgada por Isabel I y el ámbito de sus operaciones fue especialmente el subcontinente indio aunque sus tentáculos alcanzaron Japón y las costas meridionales de China. En su caso las especias fueron superadas por la seda, algodón, índigo (colorante), sal, té, opio… El establecimiento en factorías dio lugar a fundaciones que hoy son ciudades millonarias, como Calcuta, Madrás o Bombay, desde las que se fue extendiendo el control del territorio, que fue casi total desde mediados del XVIII. La India se había convertido en una colonia de la Compañía, que llegó a mantener más de 300.000 efectivos militares (más que cualquier potencia europea) y a sostener guerras con los competidores franceses (guerras Carnáticas) y con el Imperio o Confederación Maratha, en el proceso de ocupación territorial; por último, con más protagonismo del estado británico, las Guerras del Opio (1838-1860), que estallaron al resistirse China a permitir el comercio de la droga en su territorio por el que presionaban la Compañía y otros comerciantes (Inglaterra había liberalizado su comercio en la zona). Hasta mediados del XIX mantuvo su dominio y privilegios, que fue perdiendo paulatinamente; al fin, tras la sublevación de los Cipayos (1857), el gobierno británico asumió el control de la India hasta su independencia en 1947.

La Liga Hanseática fue producto del protocapitalismo bajomedieval que se florecía en “burgos”, con una fuerte autonomía frente a  sus soberanos, insertos en espacios marcados por el feudalismo y la economía rural. El gremio era la forma de organización elemental (la Liga fue una confederación gremial), que defendía con celo sus intereses y los privilegios alcanzados. Las compañías, como la VOC y la EIC, son el resultado del primer capitalismo, denominado mercantil por la hegemonía de esta actividad económica, consecuencia de los grandes descubrimientos geográficos del XV-XVI y otros muchos fenómenos que definen la modernidad. Las ideas económicas del momento (mercantilismo) estimulaban el comercio, considerado fuente principal de riqueza, pero los estados intervenían en un afán generalizado de afirmar la soberanía, otorgando con frecuencia privilegios de explotación con límites temporales y territoriales muy flexibles en la práctica. El ocaso de las compañías de carta coincidiría, no por casualidad, con la llegada de las nuevas ideas y praxis librecambistas.

Lo cierto es que en esta época temprana del capitalismo instituciones meramente económicas desempeñaron funciones políticas y ejercieron poderes legislativos, jurídicos, punitivos, monetarios, etc. que hoy sólo concebimos como emanación de los estados, y todo ello sobre territorios inmensos y poblaciones millonarias. El balance es complejo: por una parte se puede considerar positivo, desde la óptica occidental, en sus aspectos económicos, de logros tecnológicos, y, por supuesto, para la consolidación y progreso del capitalismo; por otra, negativo por la brutalidad de los colonizadores sobre las poblaciones indígenas, de los que nadie se ocupó desde las metrópolis (no hubo aquí unas Leyes de Indias como en el caso americano), ni sobre el medio, alterado sin miramientos en pro del mayor beneficio; se rompieron los equilibrios sociales, se destruyeron economías ancestrales, y si el impacto demográfico fue menor que en el Nuevo Mundo se debió únicamente a que la población asiática estaba en contacto desde siempre con los patógenos ante los que estaban inermes los amerindios.

Publicado en colonialismo, economía | Etiquetado , , , , , , | Deja un comentario

Visigodos

visigodos2No entraría en la nómina de los grandes descubrimientos afirmar que la historia ha sido manipulada sistemáticamente por intereses políticos. Lo que era políticamente correcto en cada momento, los prejuicios, los valores y los intereses han condicionado que determinados periodos sean más o menos atrayentes a los investigadores, se estudien con una finalidad u otra, nos ofrezcan, en suma, una visión sesgada o parcial, o ambas cosas, de la cuestión. La historia de los visigodos desde su aparición en los últimos momentos del Imperio Romano hasta la desaparición de su reino hispano a principios del siglo VIII, arroyado por la tormenta islámica, ha sido víctima propicia para todos estos vicios. Ya desde el siglo XIX quedó fijada una imagen del reino visigodo y de la peripecia migratoria de sus protagonistas que perduró durante todo el XX marcada por el nacionalismo español y el germanismo, cristalizada por los trabajos de algunos ídolos académicos (Sánchez Albornoz), que sólo comienza a ser cuestionada ahora.

La publicación de Geschichte der deutschen Stamme bis zum Ausgang der Volkerwanderung: die Ostgermanen (Historia de las tribus alemanas hasta el final de las migraciones de pueblos: los germanos del Este) por L. Schmidt en 1933, fijó el relato clásico, que fue asumido por el mundo académico europeo del XX prácticamente sin contestación hasta hace pocos años, como ocurriera con otras incursiones del germanismo (con sus obsesiones etnocéntricas) en la historia de occidente. Es la versión que hemos estudiado primero y explicado después en nuestras aulas, movidos por criterios de autoridad académica y sin reparar (los tiempos invitaban a ignorarlos) en los nacionalismos hispano o germano que lo falseaban de algún modo.

“Esta versión de la historia de los godos parece un relato bastante sencillo y comprensible, y además puede ser ilustrado de una manera fácil tal como se solía hacer siempre en los libros de texto y los atlas de historia, mediante una larga línea de flechas que serpentea a través de toda Europa, desde Escandinavia, pasando por Alemania y Hungría, entrando en los Balcanes y cruzándolos, para adentrarse en Italia y luego en Francia, y acabando finalmente en Hispania. Esta línea representa el movimiento de los visigodos desde su primer hogar hasta el último y, entre uno y otro, todos sus desplazamientos como pueblo migratorio.” (Collins, R. La Hispania visigoda, 409-711. 2005)

Un caso transparente de cómo se construyen los mitos en historia bajo  la combinación de la necesidad de sencillez en el relato y el sometimiento a las ideologías hegemónicas del momento:

…una civilización germánica vigorosa y joven, no contaminada por la corrupción de su decadente vecina, rechazó primero los intentos de Roma de expandirse hacia sus propios países al este del Rin y el norte del Danubio y, luego, cuando Roma decayó hasta su extinción, llegó a suplantarla en todo el occidente europeo.” (op. cit)

Pero… ¿Quiénes eran realmente los visigodos?

Amiano Marcelino que es la fuente principal para el conocimiento de los sucesos en la segunda mitad del siglo IV no conoce el apelativo de visigodos u ostrogodos, ni siquiera godos, la denominación que él utiliza es tervingos y otra similar para los segundos. La designación tradicional es un anacronismo ya que no aparece en las fuentes hasta después del S. V. Según todos los indicios la autodefinición como godos es posterior a la batalla de Adrianópolis (378), cuando aparece Alaríco como líder de la confederación bárbara asentada en la mitad oriental de los Balcanes. Para investigadores modernos, en estas fechas (finales del IV-principios del V) se está produciendo la etnogénesis que dará lugar a la cristalización de la identidad que conocemos como godos (visigodos y ostrogodos), impulsada por lo que los antropólogos llaman núcleo de la tradición que se puede sostener en una dinastía regia o una élite que constituye una aristocracia portadora de los elementos culturales que luego darán unidad al grupo, aportándole los necesarios elementos identitarios. De hecho estas confederaciones actuaban como mercenarios a sueldo de Roma y se distinguían muy poco de las unidades del ejército regular compuesto en estas fechas por individuos de origen variopinto, con aspectos, vestimentas y armas similares; la religión tampoco era una distinción, como puede deducirse de que cuando los visigodos saquearon Roma (410) respetaron las iglesias y a quienes se refugiaron en ellas; además al desplazarse, unidades militares y confederaciones mercenarias como la de los visigodos que comandaba Alarico, lo hacían acompañados de sus familias y otras gentes, de manera que en ambos casos parecían desplazamientos de pueblos.

“Sin embargo, para lo que ahora nos interesa es suficiente aceptar que los godos que llegaron a hacerse dueños de Hispania a lo largo del siglo V procedían de una confederación de distintos grupos étnicos, que se unieron y adquirieron un nuevo sentido de identidad común en los Balcanes durante el último cuarto del siglo IV. Formaron un ejército mercenario que intentaba asegurarse un empleo proporcionado por sucesivos regímenes imperiales y, cuando no había perspectivas de conseguirlo, se veía cada vez más obligado a actuar en función de sus propios intereses.” (op. cit)

Por último, conviene señalar que el contingente de los invasores en la península que venía siendo evaluado en unos cien mil individuos parece ahora excesivo si se tiene en cuenta que el patrocinio del estado se limitaba al permiso para requisar recursos del lugar que ocupaban o que transitaban, en especie o transfiriéndoles parte de los tributos. Quizá unos treinta mil, opinan historiadores modernos, sea una cifra más próxima a la realidad.

_____________________

Las citas han sido extraídas del Cap. I de La Hispania visigoda. 409-711. De Roger Collins, vol. IV de la Historia de España de ed. Crítica. 2005. Una síntesis imprescindible en la bibliografía disponible hoy en castellano. El resto del artículo sigue las tesis y el relato de este extraordinario medievalista.

Ilustración: detalle de capitel, Sacrificio de Isaac, en San Pedro de la Nave. S. VII.

Publicado en antigüedad, España | Etiquetado , , | Deja un comentario

La historia y el mito. El Islam

islamEl mito es un recurso cognitivo para hacer fácilmente comprensible aquello que es complejo y difícil de entender. Pese al actual dominio y prestigio de la ciencia y sus métodos seguimos fabricando mitos o recurriendo a los que continúan disponibles, a veces desde tiempo ancestral, disimulados por el entorno mental del momento y protegidos por la rutina, o quién sabe qué otras necesidades. Pero los mitos no sólo son un instrumento interpretativo de la realidad compleja, también juegan un papel social fundamental creando y permitiendo la permanencia y cohesión de grupos humanos amplios: tribus, pueblos, castas, naciones, iglesias…, uniéndolos, cementándolos y disciplinándolos en tanto sus componentes comparten las mismas fábulas, elevadas a la condición de historia, creencias o valores.

Con frecuencia la difícil tarea de los historiadores consiste en identificar y arrancar del camino de la investigación mitos y adherencias indeseables, que  perduran siglos. Una labor sólo comparable a la de Sísifo, que, castigado por los dioses a causa de su impiedad se vio obligado a empujar por una montaña una roca que, antes de llegar a la cima, volvía a rodar hacia abajo para tener que subirla de nuevo. Al fin y al cabo la fabulación es tan inseparable de la condición humana que puede constituir la diferencia fundamental respecto a la animalidad, el catalizador que hace posible la creación de cultura y, por ende, de la historia(1).

Desde que en algún momento irrumpió en nuestra mente la razón, el mandato de empujar la roca hasta la cima, no hacemos sino desbrozar el camino de fábulas, si bien es verdad que crecen otras nuevas casi al mismo ritmo. Seguramente sólo hemos expurgado aquellas más evidentes, elementales o envejecidas que comienzan a despertar incredulidad y por tanto ineficaces ya (la eficacia del mito se basa en su aceptación general); así pues el fenómeno al que se refiere el cuento de Sísifo, significará que la identificación y voladura de los mitos es tarea inacabable. Asumámoslo. Al fin y al cabo, eso sí, somos convictos y confesos de impiedad.

Precisamente uno de los mitos históricos que comienza a ser puesto en cuestión es el modo cómo se cuenta el nacimiento y expansión del islam y, lógicamente, la invasión (711) y conquista de la península ibérica. Al respecto dice la hispanista francesa Rachel Arié que «el relato de la conquista del noroeste de África y de España pertenece más a la tradición religiosa que a la historia»(2), evidenciando su carácter legendario. En palabras del arabista González Ferrín(3) ‒el investigador que ha planteado más claramente la necesidad de una revisión completa‒ encontramos mayores precisiones sobre las dudas que plantea la versión tradicional: «No resulta convincente ‒al no haber pruebas al respecto‒ que el Islam ‒civilización‒ se expandiese por el Mediterráneo a requerimiento, o en paralelo, al islam ‒religión‒ por la fuerza de las armas y a las órdenes de determinados califas. En este punto se centra nuestra visión historiológica de la cuestión, que pretende desestimar el concepto clásico de conquista. Sin embargo, y dado que tanto el Islam como el islam se expandieron desde Europa ‒Al-Andalus y Sicilia‒ hasta, al menos, Indonesia, forzoso resulta plantear una explicación alternativa, dado que la mera negación del procedimiento comúnmente asumido no conlleva en sí una explicación plausible. Negando, no explicamos. Otra cosa es que tengamos siempre las de perder, ya que la explicación mítica siempre resulta más clara ‒para eso surge un mito, precisamente‒»

La casi inexistencia de fuentes primarias de un periodo especialmente oscuro y complejísimo ha permitido que la historiografía tradicional haya recurrido y aceptado en lo fundamental el relato simple de la expansión militar impulsada por la nueva fe que cuentan las fuentes (secundarias) árabes ‒aunque tengan más de apologética religiosa que de crónica histórica‒, después de haber sido expurgadas de fantasías flagrantes que repugnaban al espíritu más científico de los historiadores occidentales; con todo, ninguna de ellas se acerca menos de un siglo a los hechos y todas tienen el mismo aspecto de instrumento propagandístico, de un arma más en la lucha expansiva del islam, justificando la increíble facilidad en la conquista por el favor de Dios. Narración no más creíble que aquella bíblica en la que un fantasmal pueblo judío emerge del desierto, por donde había vagado cuarenta años, para masacrar y ocupar las tierras de Canaán, derribando las murallas de sus ciudades a golpes de trompeta por la gracia del Señor y para cumplir su promesa. Ficción asumida como historia por millones de seres durante milenios, y que aún hoy ejerce de mito fundacional del Estado de Israel y sirve de justificación a sus políticas genocidas contra los plestinos.

Es más, las escasísimas fuentes primarias tampoco confirman la tesis tradicional. Un ejemplo significativo: Juan Damasceno (+750) intelectual y escritor en griego, perteneciente a la elite de Damasco en el momento en que supuestamente es la capital del imperio omeya «no acierta a reconocer al Islam como tal, ni siquiera sabe qué pueda ser el Corán, por más que sabe quién es Mahoma, al que incluye en su relación de herejías destacadas, en el libro La fuente del conocimiento»(4). Cita el libro de la Vaca, que como sabemos es una sura del Corán, como uno de sus numerosos(?) escritos, lo que indicaría que la compilación del texto sagrado islámico no estaba concluida aún en 750. Todo eso cuando, según las fuentes árabes, los musulmanes habían llegado triunfantes a los Pirineos después de engullir todo el norte de África y la Península Ibérica y se había enfrentado al Reino Franco en Poitiers, supuestamente bajo el mando de los califas de Damasco y la guía del Corán.

Obviamente esta historia no está escrita aún o hay que escribirla de nuevo.

___________________________

(1)Noah Harari, Sapiens. De animales a dioses. Debate. Madrid, 2014

(2)Arié, Rachel (1984), España musulmana (siglos VIII-XV). Barcelona: Labor, Historia de España III.

(3)Emilio González Ferrín, 711 – Historiología de una conquista. Aparte este pequeño trabajo es en Historia general de Al-Andalus. Almuzara, 2006 y en La angustia de Abraham. Almuzara, 2013 donde expone sus tesis con amplitud.

(4)Ibid.

Publicado en islam | Etiquetado , , , , | 1 Comentario

El eclipse

El sentimiento indigenista, la ironía, la maestría literaria y el recurso al pasado colonial, en fin, me justifican para incluir en este blog de historia un relato breve del genio hondureño/guatemalteco Augusto Monterroso. La literatura suele ser un recurso inusualmente jugoso para el trabajo de los historiadores; éste es un buen ejemplo.

*

Cuando fray Bartolomé Arrazola se sintió perdido aceptó que ya nada podría salvarlo. La selva poderosa de Guatemala lo había apresado, implacable y definitiva. Ante su ignorancia topográfica se sentó con tranquilidad a esperar la muerte. Quiso morir allí, sin ninguna esperanza, aislado, con el pensamiento fijo en la España distante, particularmente en el convento de los Abrojos, donde Carlos Quinto condescendiera una vez a bajar de su eminencia para decirle que confiaba en el celo religioso de su labor redentora. Al despertar se encontró rodeado por un grupo de indígenas de rostro impasible que se disponían a sacrificarlo ante un altar, un altar que a Bartolomé le pareció como el lecho en que descansaría, al fin, de sus temores, de su destino, de sí mismo.

Tres años en el país le habían conferido un mediano dominio de las lenguas nativas. Intentó algo. Dijo algunas palabras que fueron comprendidas.

Entonces floreció en él una idea que tuvo por digna de su talento y de su cultura universal y de su arduo conocimiento de Aristóteles. Recordó que para ese día se esperaba un eclipse total de sol. Y dispuso, en lo más íntimo, valerse de aquel conocimiento para engañar a sus opresores y salvar la vida.

–Si me matáis –les dijo– puedo hacer que el sol se oscurezca en su altura.

Los indígenas lo miraron fijamente y Bartolomé sorprendió la incredulidad en sus ojos. Vio que se produjo un pequeño consejo, y esperó confiado, no sin cierto desdén.

Dos horas después el corazón de fray Bartolomé Arrazola chorreaba su sangre vehemente sobre la piedra de los sacrificios (brillante bajo la opaca luz de un sol eclipsado), mientras uno de los indígenas recitaba sin ninguna inflexión de voz, sin prisa, una por una, las infinitas fechas en que se producirían eclipses solares y lunares, que los astrónomos de la comunidad maya habían previsto y anotado en sus códices sin la valiosa ayuda de Aristóteles.

sacerdote maya

_____________
ILUSTRACIÓN: sacerdote con ornamentos litúrgicos del códice de Dresde.

Publicado en América, colonialismo, España | Etiquetado , , , , , | Deja un comentario

Newton, cara y cruz

NewtonPapersEn 1936 la casa Sotheby’s subastó un conjunto de manuscritos cuyo autor había sido Isaac Newton, pero que habían permanecido fuera del alcance del público desde su redacción. El lote mayor fue adquirido por John Maynard Keynes que los cedió después al King’s College de Cambridge. Contenían algunos millones de palabras sobre alquimia una de las obsesiones del científico; en escritos posteriores Keynes afirmaría que aquel ingente montón de páginas estaban «totalmente desprovistas de valor científico», incluso, contra los que opinaban que Newton era el «primero y más grande de los científicos de la era moderna» opuso su idea de que «no fue el primero de la era de la razón; fue el último de los magos…» Todo ello desde el respeto y la admiración que le producían los trascendentales descubrimientos del físico, que, curiosamente, había dedicado mucho más tiempo e interés en tratar de transformar en oro otros metales por medios esotéricos que en desentrañar las leyes que rigen los movimientos de los planetas.

El otro gran pujador en aquella subasta fue Abraham Shalon Ezekiel Yahuda, orientalista que cedió al poco tiempo los documentos que consiguiera al recién creado Estado de Israel. En 2003 la Universidad Hebrea de Jerusalén, a donde habían ido a parar, los dio a conocer al gran público. Este segundo lote contenía más de un millón de palabras dedicas a analizar y desentrañar los misterios del Libro de Daniel y del Apocalipsis, textos que Newton se tomó muy en serio y a los que creyó interpretar de modo definitivo. Entre otros hallazgos había llegado a la conclusión de que el momento de la Creación no fue el 23 de Octubre de 4.004 a de C. como afirmara el obispo Ussher, sino 500 años después. También descubrió analizando las profecías de Daniel que el fin del Mundo tendría lugar 1260 años después de la coronación de Carlomagno, es decir en 2060 (después de haber desechado la fecha de 1867 que había creído descubrir en su juventud).

La alquimia y la especulación religiosa, desde unas posiciones que hoy calificaríamos de fundamentalistas, fueron las dos mayores preocupaciones de Newton a juzgar por el tiempo que les dedicó y el volumen de lo escrito. Sus descubrimientos científicos –cálculo infinitesimal, naturaleza de la luz, gravitación universal…– de una magnitud inconmensurable, se produjeron en unos pocos años de su juventud, aunque luego dedicara otros muchos a fundamentarlos científicamente y desarrollarlos; la mayor parte del tiempo lo ocupó en otras investigaciones, carentes de valor científico, y otros menesteres profesionales que nada tenían que ver con la ciencia. Incluso él mismo minusvaloró su tarea científica como revela un famoso párrafo en que se compara con «un niño que juega en la playa y se distrae encontrando de vez en cuando un canto más pulido o una concha más bonita de lo normal, mientras el gran océano de la verdad se extiende ante mí sin ser descubierto».

El alma humana es compleja.

___________________________

La ilustración es uno de los folios manuscritos de la colección de la Universidad Hebrea de Jerusalén.

Publicado en ciencia | Etiquetado , | Deja un comentario

La Biblia desenterrada

salmanasar

Relieve asirio. Salmanasar

Los cinco primeros libros de las Sagradas Escrituras, que los cristianos llaman Pentateuco y los judíos Tora, contienen el germen de las tres religiones abrahámicas (judaísmo, cristianismo e islam). Son con toda probabilidad los escritos que han ejercido una mayor influencia en la historia de la humanidad, considerando que los evangelios y el Corán son algo así como la ampliación y actualización de la revelación, según cristianos y musulmanes. Muchos millones de personas creen todavía hoy que han sido inspirados por Dios y que, por tanto, encierran las verdades fundamentales que han de guiar la vida de los hombres. Sin mencionar que han constituido la médula ideológica en torno a la cual se han levantado dos grandes civilizaciones, la cristiana y la islámica.

Con el renacer del espíritu científico en tiempos modernos empezaron a manifestarse contradicciones entre lo revelado y los logros de la ciencia. En el S. XVII (*) se acabó de romper la maraña de mitos basados en el platonismo y las Sagradas Escrituras en torno a la arquitectura del universo, proceso iniciado por Copérnico y Galileo. La astronomía se desligó de la teología y la supuesta verdad revelada. En el XIX Darwin mostró una explicación científica impecable sobre por qué estaban en la Tierra la multitud de especies vegetales y animales, incluido el hombre. Todavía hoy colea la conmoción sobre las conciencias religiosas que no acaban de encajar esta nueva dentellada a la revelación. Los progresos de la neurociencia en nuestros días arrincona sin remisión la creencia en la tradicional dualidad cuerpo/ espíritu, también de raíz platónica y de amplio desarrollo en las religiones del Libro.

Todo esto han sido avances de la ciencia positiva, difíciles de contradecir por su evidencia y posibilidad de comprobación, aunque, así y todo, se cuestionen. Hoy son las ciencias sociales las que conforme se dotan de mayor rigor científico van planteando nuevas contradicciones entre la verdad revelada y la verdad asumible por el pensamiento científico-racional.

Maquetación 1

Sobre esta cuestión es especialmente reveladora la lectura de La Biblia desenterrada de Israel Finkelstein y Neil A. Silberman, ambos arqueólogos e historiadores de la antigüedad y judíos, el primero de nacionalidad israelí y el segundo de Estados Unidos. Se editó por primera vez en 2001 (España, 2003 Ed. Siglo XXI).

Como es sabido el Pentateuco encierra un relato sobre el origen y andanzas del pueblo judío en su alianza con Yahveh. Desde el siglo XVIII y especialmente en el XX, impulsados por el nuevo estado israelita, han proliferado los trabajos arqueológicos buscando confirmar el relato bíblico, especialmente algunos episodios, como la conquista de Canaán, la tierra prometida, que justificaría a sus ojos la ocupación actual de Palestina por el nuevo Estado. Lamentablemente, casi siempre se partía de la veracidad de los escritos, así que se abandonaban las vías que no condujeran a esa conclusión y se interpretaban precipitadamente y se pasaban por alto o tergiversaban otros datos de diverso tipo. La presión ideológica era demasiado fuerte sobre el impulso científico y muchas veces se impuso sobre él. Un ejemplo clásico fue la publicación en los 80 de Y la Biblia tenía razón de Werner Keller, periodista metido a divulgador científico, en el que se recopilaban multitud de hallazgos arqueológicos interpretados con un desparpajo y tendenciosidad sorprendentes. Pero lo cierto es que alcanzó una enorme difusión que se unió a la filmación de grandes superproducciones de tema bíblico tratados desde un punto de vista judío conservador, como corresponde al capital que controlaba el medio cinematográfico estadounidense. Una lluvia gruesa que tenía la doble intención de calar hasta la médula la capacidad de conocimiento de las masas y, de paso, lucrarse difundiendo lo que quería oír y ver.

El libro de Finkelstein & Silberman, impecable, riguroso y ameno llega a conclusiones que han producido escándalo en ambientes conservadores y fundamentalistas judíos y cristianos (algo menos en los católicos a los que su iglesia mantuvo siempre alejados de la lectura del Antiguo Testamento), como lo había producido, poco antes,  La invención del pueblo judío(**) de Slomo Sand. Su conclusión fundamental es que los textos no son tan antiguos como se decía sino que proceden en su totalidad del S. VII a C., concebidos y redactados en el entorno sacerdotal e intelectual de Josías, rey de Judá, como parte de un plan para crear una ideología nacionalista en el momento en que había desaparecido su rival, el reino de Israel, en manos asirias. Para ello se utilizaron con habilidad relatos, cuentos, leyendas del acervo propio, pero también del común en el mundo mesopotámico.

Ni siquiera se retrocedió ante la simple invención del mundo de los patriarcas y de ellos mismos, de los que exhaustivos trabajos arqueológicos y de rastreo de fuentes contemporáneas no han podido hallar la más mínima huella. Lo mismo puede decirse de la esclavitud en Egipto y del éxodo acaudillado por Moisés, pese a que el marco en que se supone que se desarrolla abunda en textos de todo tipo, mudos para el caso que nos ocupa; los 40 años de tránsito por el Sinaí no dejaron rastro alguno ni en los fuertes egipcios que vigilaban las rutas practicables ni en lugares de posible acampada (oasis). La fulminante conquista de Canaán, la tierra prometida, no sólo parece una ficción absoluta sino que los propios judíos seguramente no eran sino cananeos, según sugieren los autores manejando indicios contundentes. De la monarquía unificada y los esplendores de David y Salomón apenas si queda la existencia de una dinastía davídica reinando sobre un mundo rural de aldeas insignificantes a años luz de la riqueza y el poder que se supone a los míticos monarcas.

En fin, toda una invención de la tradición, que diría Hosbawm, para consumo de un Estado necesitado de una ideología unificadora y galvanizadora, a la que los avatares de la historia otorgaron un destino desproporcionado a sus orígenes. El propio Josías volvería a su tumba fulminado por la sorpresa.

Es de agradecer el descenso a nivel de suelo de los mitos hebreos y su reducción a lo históricamente razonable gracias al esfuerzo de ambos autores, mucho más teniendo en cuenta el medio ideológicamente cargado en que se mueven, por muy intelectual y universitario que sea y esté enmarcado en un ambiente democrático; todo lo democrático que puede ser un Estado que se define confesional y practica un apartheid vergonzante justificado tan sólo en el relato bíblico.

___________

(*) Kepler

(**) El pueblo judío del mito a la realidad

Publicado en antigüedad | Etiquetado , , , , | Deja un comentario